MIley Cyrus, la artista total del siglo XXI

[vc_row][vc_column width=”1/3″][vc_single_image image=”15906″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”1438″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15907″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15908″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15909″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][/vc_column][vc_column width=”2/3″][vc_column_text]

En 2008 diosa adolescente planetaria bajo la peluca de Hannah Montana.

En 2010 aspirante a Princesa del Pop con Party in The Usa.

En 2013 se subió a una Bola de demolición para sacudir los cimientos del Pop con el twerking de su Bangerz.

En 2015 le enseñó el culo (literalmente) a la Industria estrenando un total de ¡38 canciones! de las cuales 23 formaban un magnífico disco gratuito e independiente, 10 eran para recaudar fondos hacia su nueva fundación Happie Hippie (las Backyard Sessions) y una era un villancico triste que colgó en las redes.

¿Veis esos tests donde hay que encajar unas figuras en unos huecos con formas? Miley representa esa artista versátil y compleja que ni la industria musical, ni los medios de comunicación ni la mayor parte de los usuarios traga-Hits saben ‘encajar’ en sus cabecitas cuadradas.

[/vc_column_text][vc_custom_heading text=”MIley no es perfecta, es grande por las adversidades que ha superado” font_container=”tag:h3|text_align:left|color:%23bc3829″ google_fonts=”font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal”][vc_column_text]

Miley no es perfecta. Nació con hiperactividad, déficit de la atención, cierta arritmia cardíaca, dificultades con el gluten, algunas alergias, una delicada piel facial que se manifiesta en granitos cada poco… No es alta, tiene las tetas pequeñas, nunca demostró aptitudes para el baile. Y ahí está, triunfadora sonriente y bondadosa, convertida en icono y sex symbol mundial: revistas de moda, campañas de belleza…

Tras sufrir bulling en el colegio encarnó a la adolescente más loca, divertida y optimista. El éxito de HM fue brutal: los rodajes de la serie, las largas giras por el país, las actuaciones en televisión, los eventos en los Parques Disney, los actos promocionales, las entrevistas, las clases privadas en casa o en el autobús, las clases de canto y piano. La agenda era apretada y extenuante: su primera menstruación la sufrió grabando un capítulo con pantalones blancos y tuvo que hacer de tripas corazón, tragarse la humillación y cumplir como una profesional ¡a sus 13 años! Y la presión por su imagen pública de Star Disney, siempre maquillada, con peluca o extensiones, siempre perfecta y en su sitio, la llevó a sufrir Dismorfia. Y sólo ha sido recientemente que hemos conocido esta realidad, porque Miley nunca se quejó de nada, nunca dejó traslucir sus sentimientos, como el de saber (se lo confesó a su madre a los 14/años) que también le ‘gustaban’ las chicas.

Y de todo aquello no surgió un juguete roto, una princesa quemada de Disney, una artista amargada y caprichosa, una diva insoportable y consentida, sino una adulta con corazón de niña, con la sonrisa tan fåcil y franca como a los 4 años, tan fresca, payasa y divertida como siempre (sólo que ahora no se lo guarda en privado y lo refleja en su vida artística), cariñosa con sus smilers, sin demostraciones de ira o frustración, un espíritu libre y burlón, sin pudores (nos lo ha enseñado todo sin ningún rubor ni afàn comercial) ni complejos. Sólo que ahora es más valiente, más libre, más inteligente, dirige personalmente su carrera, supervisa los arreglos y la producción de su música, ha aprovechado su hiperactividad para una prolífica producción musical y un vestuario interminable, tan personal como inclasificable.

[/vc_column_text][vc_custom_heading text=”No intenteis juzgar a Miley con vuestras mentes pequeñas” font_container=”tag:h3|text_align:left|color:%23bc3829″ google_fonts=”font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal”][vc_column_text]

No, Miley no está hecha para ser etiquetada o juzgada desde una mente pequeña, a base de pequeños cuadraditos, clichés preestablecidos, protocolos políticamente correctos, fórmulas musicales repetitivas. Los medios no la defienden porque no la entienden (los tabloides ya la clasificaron en 2008 como zorra escandalosa), la Industria musical la tolera mientras les atraiga audiencia (sólo las apariciones de Miley se miden como picos de subida en unas galas de la MTV cada vez con menos tirón) y sus videoclips tengan 600 o 800 millones de visualizaciones pero lo cierto es que siempre la han dejado fuera de los premios (Grammys, vmas, emas, globos) porque no es una de ellos, esos artistas adaptados al sistema, guapitos, comerciales y perfectamente domesticados (Swift, Perry, Timberlake) o que asumen papeles de rebeldía ad hoc (Kanye West, Eminem). Hasta nombran a Swift como ‘la màs caritativa del 2015′ sólo por soltar cuatro cheques a la vista de todos. Pero siempre ha sido así, el conservador establishment musical siempre va con décadas de retraso: pasó con Elvis, Jim Morrison, Beatles, Bowie, Dylan, la new wave, el Punk, etc.

Perseguida por los paparazzi desde los 13 y tachada por los medios de escandalosa desde los 14, nunca se ha vuelto contra ellos ni hecho declaraciones contra ningún medio. Rodeada de fans desde los 13, lejos de sentirse agobiada o aburrida, sus fotos con ellos siempre llevan una franca sonrisa o una mueca divertida, regaña a sus escoltas cuando no son amables con ellos e incluso es ella misma la que insta a sus smilers a no ser tímidos, a besarla y tocarla. Pocos artistas se muestran con sus fans tan agradecidos y les devuelven tanto cariño en cuanto encuentran ocasión.

Aunque Nobody is perfect, Miley descubrió que Talk is Cheap y que no quería sentirse una Fly on the Wall, aprendió que no quería ser Be Tamed así que decidió cortarse el pelo y aplicar un Bangerz a su vida y saltar a la vida como una Wrecking Ball. Es su fiesta, son sus reglas y We Cant Stop. Ha aprendido a ser libre y ahora nos enseña a serlo, Dooo it!.

Miley es un Movimiento:

del Radiate Love hemos llegado al Peace, motherfuckers!!

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_custom_heading text=”Miley, Estrella del Rock” font_container=”tag:h3|text_align:left|color:%23bc3829″ google_fonts=”font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal”][vc_column_text]

Miley es una Estrella de Rock a la que quieren etiquetar como Princesa o Reina del Pop porque a los 13 añitos convirtió un arquetípico personaje del Canal Disney en el mayor fenómeno musical y televisivo que hayan conocido los adolescentes del mundo. Pero lo cierto es que el corazón de Miley late al ritmo del Rock.

Su padre es Billy Ray Cyrus, y su madrina Dolly Parton, estrellas Country, y su madre Tish es aficionada al Metal Rock. Loca por Elvis Presley desde niña, se presentó al casting de Disney con una canción de Joan Jett (de la que es admiradora, homenajeó en sus giras, compartió su Backyards Session de 2015 y leyó discurso de presentación ante el Hall of Fame).

Sus arreglos para los conciertos siempre vieron multiplicado el número de guitarras eléctricas, y siempre ha encontrado huecos para versionear a Bob Dylan, Nirvana, Led Zeppelin, Coldplay o Artic Monkeys. Confesó que cuando en 2012 se planteaba dar un giro/empuje a su carrera y surgió la era Bangerz, ella se veía claramente al frente de una banda de Rock al estilo de Paramore pero que precisamente por verlo tan claro prefería antes probar otros caminos.

Su actitud de ‘me importa un bledo lo que penséis de mí‘, esa lengua irreverente (eso sí, nada como Jagger o Kiss, con su propio estilo: guiñando el ojo izquierdo), ese enhiesto dedo corazón que la Prensa sigue traduciendo (pobres idiotas) como un insulto, ese palmearse su ‘box’ (bang my), ese afán por interaccionar con su público (los sets acústicos a pie de smilers, el jugar con los objetos arrojados, ese chorro de agua con su boca, esos backdrops tan bizarros), esa treintena de tatuajes, son signos inequívocos.

[/vc_column_text][vc_custom_heading text=”El nacimiento de una Leyenda” font_container=”tag:h3|text_align:left|color:%23bc3829″ google_fonts=”font_family:Montserrat%3Aregular%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal”][vc_column_text]

Pero no, aunque Miley lleve el Rock por sus venas, no ha nacido para RockStar como tampoco ha nacido para ser Reina del Pop, sino para algo más grande. Son muchos los signos: su hiperactividad, su facilidad para aburrirse (incluso de sus propias canciones, haciendo nuevos arreglos cada poco, o de su propia imagen, cambiando su look cada 20 minutos), su amplio rango vocal, su capacidad para bajar tonos y adquirir una ronquera Country o subirlos hasta parecer Ariana Grande. Su gusto por Dylan, Khalifa, Spears, Elvis, Coldplay, Flaming Lips o Joan Jett, la llevarán por tantos caminos que o sus Smilers se habitúan al carrusel de emociones o tendrá que cambiar de fans cada cinco años.

Tras ser Hannah Montana y crear un himno generacional como The Climb, reafirmó su poderío Pop con Party in the USA. Tras reinventarse con Bangerz e iniciar una gira sin apoyarse en triunfos pasados (miles de artistas matarían por uno solo de esos éxitos), aparcó toda la fama, los 600 y 800 millones de visualizaciones de We Cant Stop o Wrecking Ball, los n°1 en Billboard y los 75 millones de dólares ganados por el Bangerz Tour para descubrir otra Miley Cyrus.

Pudiendo sacar dos o tres singles más para promocionarse más, lo dejó todo para encerrarse en el pequeño estudio de su casa, donde pasó revista a sus sentimientos mientras componía y grababa de manera casera unos 23 temas intimistas y psicodélicos sobre su vida, sus amigos animales muertos, sus amores, su afición a la María, sus picores sexuales hacia hombres y mujeres.

Sólo el dios de la música sabe cuántas Miley nos quedan todavía por conocer. Me gustan Adele, Beyonce, Faith Hill, Lana del Rey, Dulce Pontes, me gusta el estilo propio y la personalidad singular que tienen. Pero dentro de 20 años me las imagino cantando con el mismo (maravilloso) estilo. Si hubiese un holocausto mundial fuese el único superviviente y sólo pudiese rescatar los discos de una única artista, no me imagino escuchando a Adele (o cualquiera de las otras) de por vida una y otra vez. Acabaría suicidándome. Con Miley seguro que eso no pasaré.

Así que, por si acaso hay un Holocausto, esta Mileypedia quiere recoger el material necesario para que sus últimos supervivientes no piensen en suicidarse.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_single_image image=”15911″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15912″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15913″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][vc_single_image image=”15919″ img_size=”medium” alignment=”center” style=”vc_box_shadow” img_link_large=”yes”][/vc_column][/vc_row]